El que escribe sabe que las fuentes, bebederos y lavaderos que encontramos a nuestro paso fueron antaño puntos de encuentro de lugareños y viajeros.En nuestras rutas acostumbramos a parar para reponer agua, tomarnos un respiro y comentar las incidencias de la marcha en dichos lugares. El sábado a la orilla del rió Nora descubrimos una de esas fuentes encantadas. Es fácil que en la frondosidad de la zona se escondiese el Busgosu o algún Diaño burlón porque el lugar desprendía algo especial. El color azul de la fuente, el sonido del chorreo del agua, el verde intenso de la vegetación, la sensación del fluir del agua del rió y los comentarios de mi buen compañero de viaje, hicieron de aquel momento algo mágico. Ya habíamos visitado aquel lugar en otro momento y en otras circunstancias y la sensación había sido parecida. Lastima que las sensaciones no se puedan atrapar en una imagen o en un tarro de cristal.Tendremos que seguir recorriendo nuestra querida tierra, para vivir momentos similares
Si sangra sobre mi plato No es mi revolución
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«En el medio ambiente nada es aislado. Todos los fenómenos se afectan unos
a otros, a la vez, todos se ven influenciados. Olvidar este movimiento y la
inte...
Hace 1 día

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