El que escribe le debía a Dichewemy la visita a la mina de la Camocha. Tenía que enseñarle el castillete que veía todos los días al levantarme y las viejas instalaciones que hoy en día están practicamente abandonadas. Lo que no podré enseñar a mi querida Dichewemy son las impresionantes salidas de los relevos( caras negras y ojos blanquisimos), ni las cuadras donde se alojaban las mulas, ni el austero economato de los empleados con sus olores, ni las tertulias de las tardes en el botiquín, ni las sensaciones de los días de huelga, ni la vuelta al vació, ni la escombrera por la que pasabanos en las tardes de verano. Espero que Dichewemy sepa entender esa es parte de mi pequeña historia.
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Hace 1 semana

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